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Foto: Rocío V. Caro

Fútbol y literatura: La metáfora como gambeta

Publicado: 2011-07-17

El Universal de México 16/07/2011

Por José Vales Corresponsal

BUENOS AIRES.— “A lo lejos escuchaba el rumor de la tribuna. El corazón latía cada vez más rápido y era ese rumor el que movía mis piernas que no respondían a mis órdenes, sino al bullicio lejano y festivo que llegaba del estadio.

Las zancadas constantes y enormes eran impulsadas por el corazón más no partían de mi cerebro. No sabía para qué corría si lo más seguro es que no pudiese entrar, como otras tantas tardes. No tenía más alternativa que jugarme la ficha de siempre.

Llegar al estadio como sea, para ver si juntos a los que revestían en mi misma situación, lográbamos colarnos. Siempre y cuando los guardias se sometieran al descuido y nos dejaran un segundo para correr hacia dentro hasta ocultarnos en la multitud. Total ya lo peor lo teníamos asegurado. Pocas cosas puede haber en la vida más triste que estar ausente de la tribuna cuando sale el equipo de tus amores. Perderse ese momento mágico, único, esa celebración pagana que es la salida de tu equipo, del otro lado del paredón del estadio.

Empapado de sudor llegué a la puerta y yo sin entrada ni un peso para comprarla. Ahí me pegué a la primera ‘spiker’ que sonaba cerca a imaginarse cada jugada. No conozco aspecto de mi pobreza más ruin que el de no poder entrar el domingo a la cancha. Pero como en la vida siempre hay lugar para algo peor. A los pocos minutos desde dentro del estadio llegó un clamor ensordecedor. Gol, gol, gooollll!!!! Gol nuestro y la ambivalencia se apoderó de mi, cuando me descubrí feliz, pero llorando y con un dolor en el pecho. Y es que no hay angustia más grande que estar de la puerta para afuera del estadio cuando todos gritamos gol. Es como que la realidad, el peor de los guardias acaba de prohibirte la entrada a la fiesta”.

“La vida misma” es el cuento de donde se extrajo este párrafo. Su autor responde al apodo de El Gallego, nació en Villa Maipú, en las orillas bonaerenses que limitan con la capital, y se animó a poner sobre el papel algunas de sus odiseas para llegar a ver al equipo de sus amores, a una hora y media de su casa, viajando cada vez sin billete en trenes y del favor de los chóferes en buses.

Hoy es uno de las decenas de miles que sufre por el camino descarriado de la selección Argentina, en La Plata contra Bolivia o en la televisión contra Colombia. Cuando el periodista le pregunta si en el estadio le entregaron un libro con cuentos de autores de los países que participan en la Copa América, responde rápido con una frase del cuento del boliviano Eduardo Paz Soldán: “… El único parecido con Dochera era el mechón blanco. Dochera susurró, los ojos revoleando por las paredes desnudas de la habitación….”

Y tenía su lógica la respuesta. El Gallego es un lector compulsivo y un escritor aficionado y daba cuenta de que había leído el texto que le había tocado en suerte a la entrada del estadio. “Me lo leí en el entretiempo, pero la verdad es que sería el tipo más feliz del mundo si alguna vez me publican esto. “La vida misma”, es mío. “Te lo regalo…”, le dice el joven al periodista.

Coqueteo mutuo

La literatura y el futbol coquetean desde hace años. En todas sus formas y géneros. Y así como la literatura se nutre de la vida y el futbol es la representación exacta de la vida misma en 90 minutos, El Gallego intentó plasmar en prosa su afición por el futbol y por las letras. A sabiendas de esto y de lo que significa el futbol en este país y en el continente, es que el Ministerio de Educación aprovechó la Copa América para distribuir 600 mil ejemplares con cuentos (en su mayoría sobre el futbol como temática) de autores de cada uno de los 12 países que participan del certamen.

“Pasión por leer” es el programa y la idea integra el Plan Nacional de Lectura. “La idea es distribuir libros en canchas de futbol y en lugares no convencionales para promover la lectura”, explicó al presentar la iniciativa el ministro de Educación, Alberto Sileoni.

En el juego Argentina-Bolivia se distribuyeron ejemplares de autores argentinos con un cuento de Ernesto Sábato (“Fobál del grande”), Osvaldo Soriano (“mister Peregrino Fernández), un clásico del género, y de Walter Saavedra, un poema (“Nunca Jamás”). Y el de Bolivia con “Dochera”, de Paz Soldán.

En el encuentro de Colombia-Costa Rica, los espectadores recibían “El Juramento”, de Gabriel García Márquez, “¡Dele duro, monseñor!”, de Daniel Samper Pizano o “El guardapelo”, de Carlos Cagini, y el poema “Vuelo Supremo”, de Julián Marchena, ambos ticos y cuyos textos, estos dos últimos, nada tienen que ver con el futbol.

Entre los mejores cuentos de la colección sobresalen el del paraguayo Augusto Roa Bastos, “El crack”, que ganaba los partidos de Sol de América hasta de muerto, y el del uruguayo Mario Benedetti, “Puntero izquierdo”, una suerte de policial futbolístico.

“La verdad es que con el nivel que estoy viendo en la Copa, mejor dedicarse a leer”, opinó Martín Arralde, uruguayo de 34 años, quien cruzó el río de la Plata para seguir a su amada “Celeste”.

“A mí me tocó el del peruano, pero no lo leí”. Admite Arralde. El peruano es Alfredo Bryce Echenique, con “Pasalacqua y la libertad”, la historia de un portero del Ciclista Lima Association.

Gran estrategia

La idea de distribuir libros en los estadios nació en 2004, cuando el hoy derrotado candidato a jefe de Gobierno porteño por el oficialismo, Daniel Filmus, era el ministro de Educación. El programa lo había inaugurado el propio Sabato, en un partido de su querido Estudiantes de La Plata y todavía se distribuían cuentos de Roberto Fontanarrosa, uno de los clásicos del género literario-futbolístico, hoy ausente de la colección por los problemas del pleito judicial que mantienen sus descendientes sobre los derechos de autor.

Para Sileoni, “lo importante es que la gente ingrese a la lectura por lados no convencionales, y el futbol puede ser una excelente puerta de acceso”. Y en verdad es que entre gambetas, goles y frustraciones, siempre hay alguien que abre la puerta. Al menos eso es lo que se observó días pasados en la tribuna del estadio único de La Plata. Muchos libros, editados en papel obra y de bajo costo, quedan desparramados en las gradas y a la salida del estadio, pero otros los guardan, con cuidado, con una dosis de cariño, como don Julián Albornoz, de 69 años, comerciante, que lo dobla con atención para “regalárselo a mi nieto a ver si se entera quien es Soriano, que era fanático de San Lorenzo, como yo”.

Soriano es uno de los grandes clásicos con su célebre “El penal más largo del mundo”, distribuido en las canchas y en los corazones de todos los hinchas del fútbol y de la literatura.

“Si esta Copa se definiese por los cuentos, México estaría en la semifinal por lo menos con el de (Juan) Villoro (“Ultima convocatoria”) y nosotros la ganábamos seguro. En vez de Messi, que no habla y mucho menos escribe, tiramos con Sacheri y ganamos todos los partidos por goleada”, dice entusiasmado “El Gallego”.

Sacheri es Eduardo Sacheri, escritor y autor del libro que le dio vida a la película El secreto de tus ojos, ganadora del Oscar 2010 a la Mejor película extranjera. Un filme racinguista por donde se la mire, gracias a la pasión del director Juan José Campanella. Pero Sacheri es hincha del Huracán, y autor del genial “Esperando a Tito y otros cuentos de fútbol” y “Lo raro empezó después”, dos tomos que lo llevaron a hacer del futbol una maestría literaria. Pero no hay cuentos de Sacheri en la colección de la Copa América, lo que con permiso del pulpo “Paul” (que pronosticó el triunfo de España en el Mundial), nos da la pauta de que este certamen esta cada vez más lejos para la Albiceleste.

Anabel Carelli reconoció ser una neófita en literatura y saber “poco y nada” de futbol. Acompañó a su novio al partido Uruguay-Perú, y se le animó a Benedetti y su “Puntero izquierdo”, antes de que comience el encuentro.

Después, el libro sirvió de papel picado, “pero el cuento estaba bien. Mejor que el partido”, admitió. Sin saberlo, Anabel da la respuesta del porqué la idea de repartir libros en los estadios puede ser genial no sólo para acercar a la gente a la lectura, sino también porque cuando el futbol está ausente sin aviso, o cuando los 22 jugadores maltratan el balón con ahínco, ahí aparece la gambeta como metáfora y en las páginas de los libros la fiesta está asegurada. Porque ahí, en los cuentos, no hay guardia que pueda prohibirnos la entrada.


Escrito por

josevales

Soy José Vales y dicen que nací en el policlínico Eva Perón de General San Martín, en 1962. Que soy periodista desde 1985 y en los ratos libres se los dedicó al café. Dicen que después de años de vendedor (voceador o canillita)de periódicos en la vía pública y


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